Encontró el infinito al separar las piezas que le formaban.
Sobre la mesa fue colocándolas, una a una,
como elementos de un atrezzo
que engalanarán el escenario de un festín.
Encontró el infinito al separar las piezas que le formaban.
Sobre la mesa fue colocándolas, una a una,
como elementos de un atrezzo
que engalanarán el escenario de un festín.

Conozco una araña.
Me visita.
En realidad he crecido con ella.
La primera vez que la vi grité.
Luego me acostumbré a su presencia
y de un sólo vistazo la tenía completa.
Me enseñó a enhebrar,
a tejer con paciencia
y ahora sé que el miedo
es una tela muy fina.
En el cauce vacío de un riachuelo
quise convertirme en agua
y hacer como ella:
saltar ante el peligro,
tapar todo hueco en el camino,
ajustarme al recipiente.
No había agua de la que aprender.
Me conformé con tocar el fondo,
con rozar tan siquiera con mi sombra
el lecho sediento.
Una pareja se besa en un banco al final del paseo.
De pronto comienza a llover.
Una mujer camina, también, por ese paseo
sin molestarle la lluvia, ni el beso.
Sus zapatos suenan sobre el asfalto mojado.
Suena también la música que inventa la lluvia.
Suena un beso.


El dragón y el volcán
reposaban juntos en el horizonte,
como bellos durmientes
a la espera de su fuego.
foto: B.M.
Los que nos asomamos al pasado
sabemos que sirve
para calcular los resultados
de lo que pasará después.
Todo existe a la vez.
Lo ocurrido está ocurriendo.
Buscaba la salida una vez más
y una vez más tropezaba con la pared
la que ella misma construía.
Con palabras la levantaba,
con las mismas palabras, la justificaba.
Y detrás de la pared permanecía,
en el lugar al que llegó
buscando la salida.